SENCILLEZ: El nacimiento de Jesús en un pesebre nos convoca a que nuestro comportamiento esté siempre acorde con ésta virtud.
GENEROSIDAD: El amor que nos comunica el pesebre lo traducimos en actos de servicio desinteresado; apreciando lo que poseemos, damos siempre con alegría.
PACIENCIA: Dedicamos el tiempo y esfuerzos necesarios para la difusión y promoción de la cultura del pesebre.
HUMILDAD: Toda nuestra capacidad y nuestras cualidades están al servicio de los demás sin espera de reconocimiento.
LABORIOSIDAD: El amor por el pesebre nos compromete a trabajar con ahínco en la construcción del mismo. Un trabajo disciplinado y amoroso nos lleva a tener una técnica excelente.
RESPETO: Valoramos la condición y circunstancia de todos los pesebristas como administradores de los bienes que Dios nos ha dado. El quehacer del otro siempre tiene un valor dentro de nuestra corporación.
PERSEVERANCIA: Superamos las dificultades que provienen de nuestro esfuerzo por muchos años; sin perder el entusiasmo, buscamos siempre otros horizontes. |